25 de noviembre de 2014

Capacitaciones en el Estado neoliberal

En unas semanas comenzarán las nuevas gestiones de los gobiernos subnacionales y ya se ha iniciado un nuevo ciclo de capacitaciones para los nuevos funcionarios, las cuales muy probablemente se prolongarán a lo largo de toda la gestión. En mi opinión, las capacitaciones suelen ser inútilmente redundantes e ineficaces debido a la situación laboral de estos funcionarios públicos: tienden a permanecer poco tiempo en su puesto, ya sea debido a una inestabilidad por causas externas a ellos, o debido a su propia dinámica de movilidad laboral. A pesar de esto, parece haber una fijación con la figura de la capacitación (recientemente escuché a un alto funcionario del ejecutivo decir: "hay que capacitar, capacitar y capacitar, y cuando te canses, tienes que volver a capacitar"). Creo que podemos identificar al menos tres causas a esta situación, una por cada una de las partes involucradas: el Estado, los capacitadores y los capacitados.

1) Control del Estado neoliberal: Una de las principales tensiones del Estado neoliberal es planificar tratando de no ser restrictivo. En este sentido, el Estado debe tratar de incentivar ("incentivar la inversión", "programa de incentivos", etc.) más que determinar específicamente que deben hacer, en este caso, los gobiernos subnacionales. Las capacitaciones encajan perfectamente en este modo de operar: no se trata de decirle al funcionario qué hacer o no, sino darle ciertas capacidades determinadas para que él pueda emprender las acciones que considere necesarias para el desarrollo de su localidad/región, lo cual luego es evaluado por los medios y la sociedad civil. Todo este proceso suena bien, pero la realidad es otra: políticas centralistas y homogenizadoras del ejecutivo, que se refuerzan mutuamente con discursos llenos de lugares comunes de los medios, (re)producen un contexto de presiones en la cual los funcionarios deben ejercer su trabajo, el cual ya de por si es inestable.

2) Mercado de capacitadores: La misión capacitadora del Estado (por la lógica descrita en el punto anterior) ha motivado la aparición de todo un mercado de capacitadores, quienes muchas veces obtienen gran parte de sus ingresos a partir de talleres. A pesar de que probablemente deberían ser uno de los grupos más interesados en volver más eficiente a la gestión pública, probablemente sean los menos incentivados en adaptarse a un modelo más eficiente que prescinda de su mano de obra, es decir, que reduzca la cantidad de talleres.

3) Necesidad de los funcionarios: La intención del Estado de que los funcionarios desarrollen determinadas capacidades genera en ellos una presión por ser capacitados y, probablemente aun más importante, por tener el documento que supuestamente prueba que ellos han adquirido esas capacidades. Ellos no solo deben preocuparse por tener las capacidades que el Estado requiere, sino que también deben preocuparse por hacer que estas capacidades sean legibles para el Estado: deben obtener el certificado del taller.

Ciertamente puede haber otros puntos a tratar en esta situación (la cual probablemente no solo ocurra en la gestión subnacional, sino también en otros ámbitos del Estado). Asimismo, con esto no quiero decir que las capacitaciones son totalmente inútiles, de hecho sirven para dar una base mínima de conocimiento a trabajadores que se encuentran en posiciones relativamente estables. Sin embargo, creo que resaltar estos tres puntos nos ayudan a divisar algo importante: actualmente las capacitaciones son una mercancía más, cuyo principal objetivo es circular y tratar de encajar en el contexto del actual régimen neoliberal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario