30 de septiembre de 2014

Odio los explainers

Los explainers son los artículos (y otros tipos de contenidos, como videos) en los cuales se trata de explicar de manera rápida y sencilla un caso o problema actual (que los medios asumen como) complejo y que es necesario que su audiencia no solo los conozca, sino que sepa porque debe conocerlos.

Dejando de lado las principales críticas que se le hace a este tipo de contenido [1) al hacer explicaciones rápidas y sencillas suele sobresimplificar asuntos complejos; 2) no informa lo que sucede sino porque es importante lo que está informando que sucede, en este sentido no busca formar ciudadanos informados sino consumidores de su información (por lo que es común que estos contenidos sean presentados con titulares clickbait)], lo que me interesa ahora es el razonamiento de un individuo al momento de elaborar (periodista/creador de contenido) y compartir (audiencia) estos explainers. Mi interés se debe a la reciente proliferación de este tipo de contenidos en medios peruanos, en especial durante la actual campaña electoral limeña (por ejemplo: ver aquí y aquí).

Mi hipótesis es que estas explicaciones vienen con una trampa: el punto no es tanto explicar sino generar una división, quienes aceptan la explicación y quienes no lo hacen. Quienes aceptan la explicación son quienes probablemente ya pensaban como quien elaboró el contenido. En ese sentido, la explicación no hace más que reforzar sus creencias ("covencer a los convencidos"). Para los otros (los "no convencidos") cabe una serie de posibilidades:

1) Conoce la explicación del problema pero, a pesar de lo sencilla y didáctica que es, no la entiende. Quien actúa así es calificado como bruto. Esta persona es una víctima del problema pues se aprovechan de su brutalidad, aunque algunos pueden considerar que se lo merece por bruto.

2) No conoce la explicación del problema, por lo que es calificado como ignorante. Esta persona es una víctima del problema pues se aprovechan de su ignorancia, aunque algunos pueden considerar que se lo merece por no estar informado. No obstante, si conociera la explicación probablemente la aceptaría, debido a lo sencilla y didáctica que es, a no ser que se trate de un bruto.

3) Conoce la explicación del problema, la entiende pero la rechaza. Este es el peor de los tres. Quien actúa así es perverso. Esta persona se merece todas y cada una de las consecuencias que acarrea el problema explicado. Esta persona de ninguna manera es una víctima, es un cómplice, es parte del problema.

La consecuencia de esta división es una actitud de superioridad por parte de quienes si aceptan la explicación. Esta tiende a ser expresada a través de dos tipos de acciones:
a) Despotricando contra los otros.
b) Tratando de cambiar a los otros mediante otro discurso (que por lo general se trata de la repetición y/o intensificación del primer discurso, es decir, la explicación). Posteriormente, cuando estos nuevos esfuerzos fracasan, tienden adoptar las acciones de a).

Ciertamente hay mucho más por desarrollar en este asunto, como el enfoque excesivo en lo que Bryant llama la semiopolitica, es decir, en el análisis y difusión de discursos como el principal método de hacer política (una clara muestra de esto es como en uno de los vídeos el narrador afirma que él "ya cumplió" con hacer el video e insta a compartirlo para que se difunda el mensaje). Al final, resulta gracioso como es que quienes tratan de explicar con dibujitos probablemente necesiten una explicación con dibujitos sobre porque sus explicaciones no funcionan.

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